Parte de mi historia

Buenos días, tardes, noches dependiendo de cuando me lean, yo me llamo Margarita Walton, nací en un lugar de este planeta que dicen es del primer mundo. Nací en Los Ángeles, California. Pero no me crié allá por el carácter nómada de mis padres; mis padres bellos, papá de Bogotá, Colombia y mamá de Barcelona, España. Yo fui con ellos viviendo en una furgoneta Volkswagen por toda América, desde Canadá hasta la Patagonia por varios años viviendo día a día.

Hoy me identifico como mujer, en mi registro civil dice que nací el 28 de Febrero de 1945, es decir que tengo 75 años  pero todavía me siento en la flor de mi existir, quizá por el papel me rotulen como perteneciente a la tercera edad, pero yo lo que tengo es 75 años de experiencia, mi cabellera que no me deja mentir tiene un blanco con visos plateados que me lucen bastante y aún conservo las ganas infinitas de vivir que dicen tener los veinteañeros, la irreverencia de los adolescentes, la curiosidad de un niño y la madurez de una de 40.  Es decir, aún hoy con todo lo que conlleva vivir 75 años en esta tierra, me siento en la flor de mi existir. 

Aunque hoy no tengo alguien a mi lado porque no soy de lazos para siempre, y porque mi amor de vida se fue a otra vida, soy de esas personas que vive enamorada del amor, enamorada de la vida, enamorada de sí misma y de mis historias. Porque desde el inicio mi vida fue un regalo lleno de oportunidades, porque vivo el hoy, día a día, y me formé en diferentes campos.

Sí, yo también soy nómada, pero cuando hay una meta que lograr me puedo establecer porque el orden en la vida es vital, aunque no lo parezca soy meticulosa y obstinada con la organización, todo tiene su lugar. No sé cómo ni por qué soy o nací, porque Polo y Tormenta como llamaba a mis padres eran todo lo contrario, eran una locura de existir, a veces creo que llegué a sus vidas para darles orden, pero su esencia hippie, rebelde y vivaracha prevaleció hasta el final de sus días. Mis loquitos me duraron hasta que cumplí 20 y hoy, pese a todos los años que han pasado, los sigo extrañando intensamente porque llenaron mis días de una muy especial “vida”. 

Mi mayor herencia fue la educación, aunque no lo crean me gradué del colegio, soy muy inteligente y pese a que estudié en una infinidad de colegios dado nuestro continuo recorrer, me gradué del mejor colegio para niñas de Cartagena (cuyo nombre se mezcla entre mis recuerdos al sólo haber estado ahí seis meses). Fue en Cartagena porque en esos momentos a Polo se le dio por experimentar ser pescador y nos establecimos ahí para que terminara mi bachillerato porque decían:  “Mija, usted es todo menos bruta”, soy bastante pila como dicen en Colombia para referirse a una persona inteligente, recuerdo que cuando me gradué en 1963 en noviembre, fuimos a Bogotá a su casa de nacimiento, donde casi se enloquecen al vernos porque no podían creer que seguía vivo y que además estuviera casado y tuviera una hija recién graduada del colegio. 

Pasaron 18 años para que mi viejo Polo volviera a casa, pero qué mejor excusa para volver que para tener una celebración. Recuerdo que esa fue de las pocas veces que tuve o conocí a la familia de sangre porque mi Polo y mi Tormenta eran de poco contacto con sus lazos sanguíneos y lo que yo conocía como familia eran amigos, yo creo que de ahí soy tía, porque me faltó mucha gana y actitud para ser mamá y pues hermana de mis hermanos que no existen; por alguna razón siento que el lazo más fuerte para mí eran los tíos porque yo tuve y tengo tíos regados por el mundo y bueno, hoy en día tengo sobrinos por todo lado, y pasé de ser la sobrina a ser la tía, a mucho honor.

Desde aquellas lejanas vacaciones llenas de celebraciones, porque llegamos en diciembre a Bogotá después de mi grado en la última semana de noviembre en Cartagena, aprendí lo que era escribir cartas, y escribir cartas con amor y devoción, con ganas de contarle a alguien todos mis días, mis experiencias y sentires. ¿Y por qué escribir? Porque después de conocer allí a mi primer amor, a Samuel Cavanzo Ardila, nuestro amor duró presencialmente solo una semana, pero en letras hasta hace poco. 

Nos encontramos la primera vez porque Samuel era conocido de la casa, era nieto de los mejores amigos de la abuela, la mamá de mi Polo. Los Cavanzo Ardila eran muy reconocidos por su librería y notaría, importantísimos en el barrio y recuerdo que todas iban detrás de Samuel. De hecho, todas mis primas morían por él, porque los genes italianos en mezcla de los genes colombianos daban un resultado picante, interesante. 

Samuel más allá de su físico, tenía una mirada profunda, sus ojos tenían una particular bipolaridad porque poseía heterocromía al tener uno verde y el otro azul, dependiendo de su humor, el clima y que tanto estuviera mintiendo, su color variaba de más claro a oscuro. Incluso su ojo izquierdo que era verde, cuando el sol era intenso se veía medio miel; jamás olvidaré que la primera vez que lo vi me perdí en su mirada profunda, sentí como que el universo lo podía ver ahí mismo en sus ojos y hasta el día de hoy gracias a ese vivir siento que tengo el universo entre mis manos. 

Viví la primera vez de muchas cosas con él, en tan sólo una semana, pero como yo no conocía de apegos, a la hora de decir adiós, no me costó para nada porque, aunque en ese momento sentí que lo amaba verdaderamente y que podría pasar el resto de mis días a su lado, tenía que partir a continuar mi vivir y terminar de clarificar mi rumbo. Él soñaba con tener esposa y una familia grande con ocho o nueve hijos y también se veía expandiendo la librería de sus padres y abriendo sucursales por todo el país; yo no era de caseríos y menos de hijos, bonito era su sueño de dar oportunidades para que las personas tuvieran la oportunidad de ampliar su conocimiento, pero no encajaba en mí en ese momento anclarme a un sitio, además con una expectativa de iniciar una familia

Hasta este año nos escribíamos cartas, cartas escritas a mano y enviadas por correo, lamentablemente un día dejé de recibir sus letras y por esta red social que le dicen Facebook me enteré de que un infarto fulminante se lo había llevado a la eternidad, pero hoy, aunque me duela su partida, me quedo con lo vivido y en especial lo que él y yo tenemos tatuado en un lugar especial cerquita al corazón: La vida es un ratico.

Samuel alguna vez me dijo que la mejor definición mía la había encontrado en una entrevista que me habían hecho para una revista y me la copió: “Margarita Walton, ella que es todo, ella es artista, pero también ingeniera y bióloga, pero también astróloga y bruja. Es la tía de todos, habla hasta por los codos y le encanta de manera especial contar sus historias a través de collages, con pequeños versos. Es una loca, le gusta todo lo que usualmente no hace la gente, si quiere bailar, baila, si quiere cantar, canta, si quiere hablar, habla. Ella no tiene fronteras. Habla sin filtros y no es muy selectiva, habla y es con todos por igual y va haciendo a diestra y siniestra según lo que sienta.”  

Qué tal esa descripción sobre mí tan larga y corta, tan resumida y completa, que difícil describir a una persona en unas cuantas palabras cuando soy y somos seres humanos, es decir, somos infinidad de cosas, mundos y complejidades, porque somos y dejamos de ser. Somos un constante cambio incluso cuando nos sentimos estancados en la vida, cuando nuestro camino no parece camino sino un vacío.

El tiempo pasa y nadie espera, pase lo que pase, vivas lo que vivas, la vida sigue, que se te murió alguien cercano, pues tú sigues vivo. Que te engañaron de la manera más cruel, la traición mató una parte de ti, no importa dado que la vida sigue y debes mirar cómo hacer para gestionar tus sentires. Aunque tú sientas que nada pasa, todo pasa y si tú no haces, el universo sigue en movimiento por más que tú creas que te detienes. Sí que lo sabré yo que tengo 75 años y he vivido la vida loca, como si no hubiera un mañana pero como si hoy fuera mi primer día de vida, con un alguito más cada día, experiencia. De no ser así, ¿qué tendría que contar hoy? nada, me quedaría en los que hubiera sido si… y por experiencia te digo que no es eso lo que quieres vivir, mejor arrepentirse que preguntarse, porque así al menos supiste que hubiera pasado si.

Yo sé que es el miedo y sé que es vivir con miedo a todo, porque algún tiempo atrás hubo un año en donde la muerte estuvo muy presente en mí, generó una gran ansiedad y nerviosismo que no podía creérmelo. Pasaban los días, pasaban las noches y no había tranquilidad, el descanso desapareció de mí, tuve un exceso de futuro, de presente y de pasado. Vivía en el pasado, pensando en el futuro y sin hacer nada en el presente. Era como estar muerta en vida porque el que no hace no vive. Fue por alguna decepción y una desesperanza profunda que me hizo dudar de mi existir, de mis habilidades, de mis aciertos, de mi conjunto de posibilidades, me hizo dudar de quién era yo. También fue porque le di el poder al mundo de romperme; cosa que sin piedad hicieron conmigo. Si no hubiera vivido esto, tampoco hubiera aprendido que es el perdón verdadero, el perdón desde el corazón, desde lo más profundo y sincero del alma. Tampoco hubiera aprendido a poner límites, a quererme de mil maneras, quererme feliz, con ganas de vivir pero también quererme en el momento que más me necesitaba, en el momento de oscuridad donde la incertidumbre prima y de a pedazos se avanza.

Aprendí que es vivir un duelo, entendí que en la vida todo es un proceso que no necesariamente es lineal. No es que avances progresivamente, sino que unos días estás bien, otros no tanto y vas cicatrizando la herida poco a poco casi que sin sentirlo, el vacío que te genera el adiós de quien se fue, ya sea porque murió o porque simplemente ya no debe ser parte de tu camino. Cada proceso es propio y no se sana igual a otro porque tampoco se siente igual a otro, se puede empatizar en el sentido de ser humano, pero al ser mundos diferentes lo que me duele a mí, no le duele al otro igual o quizá ni le duele, cada uno vive sus asuntos a su manera, pese a que se quiera cuadricular los sentires, los víveres y los seres.  

Límites, límites para vivir más rico, de algunos ayeres aprendí a pintar la raya, a decirme y dejar en libertad al mundo. Pretendía controlarlo todo a mi manera y quererlo todo como yo quería y no, no se puede. Lo único que puedes tener en control eres tú, lo demás por mucho que planees y quieras seguir pasos no hay una receta para vivir. Hay que vivir y ya. Es que sí es muy cierto eso de que la vida es lo que pasa mientras la planeas, cosa que me enseñaron mis padres, de pronto por eso mismo somos nómadas, no queremos planear tanto futuro, queremos más el hoy y lo que tenemos.

Vivir el ahora no es ser desorganizado y estar desubicado por el mundo como si se tuviera Alzheimer o demencia senil. Vivir el hoy significa que estoy hoy agradeciendo y honrando el ayer esperando que el mañana llegue lleno de más posibilidades. Vivir el hoy significa dejar de ser víctima de la vida y ser más bien un peregrino de ella, y esto ¿qué significa? pues[PSL2]  que se viene a vivir la vida teniendo conciencia de que se va a acabar, como todo en la vida, todo es transitorio y si no hacemos que el momentico valga pues entonces ¿a qué vinimos? Y vivir no significa estar feliz y positivo todo el tiempo, significa que aceptas todo aquello que tenga que venir, que para eso estás con las manos bien abiertas para recibir lo que tengas que vivir en tu día a día, además de mirar como haces para que esos sueños, esas metas a las que aspiras llegar las puedas cumplir. Con tus habilidades y dificultades, llénate de experiencias, que si la vida  no te da oportunidades tú las creas con tus manitas creativas, sea cual sea tu magia.

Recuerdo que en mi niñez soñaba con ser médica porque así creía iba a ser útil para el mundo, pero poco sabía de la vocación que se requiere para dedicar tu vida a eso y en el camino me encontré con la ingeniería biomédica, la biología, las neurociencias, la psicología, la astrología y además el arte. ¿Cómo hice para estudiar todo? pues aprovechando el tiempo en mis sueños y en saber invertir mis ingresos;además que si te das cuenta, estudiando ingeniería biomédica pude estudiar biología a la par con dedicación y sacrificios tampoco tan radicales, simplemente priorizando en los diferentes momentos, de neurociencia y psicología aprendí en otro momento de la vida porque aquella vocación al servicio que había nacido del querer ser médica y de mi vida nómada siempre estuvo muy  presente en mí. 

 

Que locura fue existir en aquel ayer, estudiar en diferentes países, pero aún así me llenó de experiencias, y aunque me asustaba lo desconocido porque la incertidumbre y el peligro que era y es vivir siendo mujer a ratos muy sola en esta sociedad machista y retrograda, me mantenía muy alerta. El disfrutar la vida no me lo quitó nadie afortunadamente, fui perspicaz al momento de elegir con quien juntarme, en donde y con quien acomodarme. Gracias a la vida mis padres supieron darme educación para poder evolucionar la intuición propia de los que nacimos bajo el signo piscis. Aunque no vivía en el libertinaje, si conocí el mundo, conocí Europa en mi juventud. Fui mujer de mundo, vívida y arriesgada, del museo al bar, del bar al monumento y siempre en mi furgoneta al siguiente país. Les he de contar un secreto, por locuras mías a veces solía ponerme una peluca negra, unas gafas redondas sin lente y unos labios rojos para conquistar las noches para amores pasajeros, y usualmente me llamaba Lucrecia, nombre de las malas de telenovela. Ese picantico extra de la aventura de la vida me hacía falta en algunas noches de otoño con el clima ya más frío.

A veces es necesario fingir ser alguien más, no es necesario que el mundo entero sepa de mi existir, por eso realizar tanto acto de presencia a través de redes sociales en el último tiempo me abrumó poco. Había días que quería bailar pero otros que por la realidad del encierro para mi alma nómada me costaron existir. Ni quería saber de celulares, solo quería que me llamaran al teléfono y que me preguntaran de mi estado. Como viajar, así fuera mentalmente. 

Aunque encontré una familia de estrellitas en las redes sociales, no sabía que por ahí también se lograba conectar, especialmente bailando, casi que bailando por un sueño. Me encantaba interactuar con mis estrellitas, porque me sentía útil, ya a esta edad en esta realidad donde puedo disque sólo salir a caminar porque ya los de tercera edad no podemos vivir libres. Pero soy consciente del enemigo invisible, que si me atrapa puede que me de tres vueltas y salude a San Pedro más pronto de lo que espero. Las redes me devolvieron un poquito de dinamismo a mi vida, porque el estar en encierro cuando estoy acostumbrada a estar de lado en lado fue como una cachetada del universo y tocó aprender la quietud y la tranquilidad; aún a mis 75 sigo aprendiendo de la vida, porque mi única sabiduría está en la experiencia y cómo espero me falten como 20 años saludables, porque soñar no cuesta y además he conocido gente que llega a los 90 completico y con mucha vida. 

Mis estrellitas no lo saben pero me llenaron de luz la vida en este último tiempo, aunque fueron muchos los momentos no tan claros, siempre hay una luz en el camino que hace seguir el existir; no pretendo nada más que ser a través de esa curiosa red social, hasta ahora le aprendo más porque yo sólo manejaba la famosísima flecha para mis llamadas y para las fotos tenía mi cámara y las guardaba en el computador. 

Quien iba a pensar que la situación loca actual la vine a vivir en Colombia, lugar al que hasta este año volví porque desde que tenía de 18 la vida  me llevó por otros lados y de mi familia jamás volví a saber sólo con los que hoy convivo que son parientes por elección y convicción.