.. Parte de mi historia ..

Hola, buena vida, me llamo Fazio Dante, así a secas, mi ascendencia es italiana o eso dicen aquellos que me trajeron a vivir, o como mi abuela decía, a quienes yo elegí para venir a vivir. De ellos no recuerdo mucho porque vine a elegir a unos que les quedaba poco conmigo, porque no solo tenían bastantes añitos cuando llegué, sino que, al ser personas llenas de riquezas materiales, tenían muchos enemigos. Antes que nada, no, no eran parte de la mafia italiana o manejaban negocios turbios como drogas o lavado de dinero. 

Mis padres tenían un próspero negocio de traducciones, tanto así que hoy, aunque está a mi nombre la compañía sigue dando frutos, y es ese negocio el que me da para vivir, porque de ser por mí estaría casi que deambulando por las calles de Colombia.  La pregunta es,si soy italiano y por allá digo ser criado, ¿cómo llegué acá? Pues fácil, la mía nona (mi abuela materna) es colombiana o bueno era, porque en febrero a causa de una terrible enfermedad partió de este plano a otro que espero sea mejor, porque ella más que cualquiera merece una eternidad por lo alto, ya que vió por mi bienestar al menos 20 de mis 22 años, veló por mi educación, salud física y mental y me dio techo, cualquiera que fuera, estuviera calentito de amor. Ella vivió muchos años con mi padre y mi madre en Italia, pero cuando ellos fallecieron por causas que desconozco, quizá probablemente los mataron por algo de dinero o por un negocio que rechazaron, quien sabe, me voy a quedar con lo que dijo mía nona, fallecieron en un accidente automovilístico por un alto que dejaron pasar. 

Después de la partida de mis padres, cuando yo tenía 8 años mía nona decidió volver a su patria, Colombia y dejar como administrador a un tío o mejor dicho un familiar de su entera confianza, con el apoyo de un abogado, el viejo Federico Bianchi, quien es un abogado muy prestigioso en Italia pero es mejor conocido por su transparencia y claridad en sus asuntos; nunca se ha visto envuelto en un escándalo por corrupción o alguna de esas historias turbias. 

El viejo Bia, como yo le digo, es casi como un segundo padre porque no sólo vela porque mi herencia llegue cada mes, sino que ocasionalmente me visita y sin falta me llama mínimo una vez por semana; para ser sincero el mayor de mis miedos es que se vaya pronto, porque al parecer todos a los que en mi corazón les tengo un espacio especial tienden a irse a una mejor vida. Aunque mi abuela trabajó conmigo para que aprendiera a no apegarme a nadie ni a nada, especialmente desde la pérdida de mis padres, porque todo en esta vida es pasajero decía ella, y pues si todos y todos somos pasajeros, hoy estamos, mañana quien sabe. Pero bueno también de ella aprendí a estar agradecido por lo que hoy soy y que es  necesario dejar ir, porque nada es permanente, nada es eterno desde la tinta que se borra hasta el corazón que deja de latir; reconozco en la muerte uno de mis más grandes miedos por la incertidumbre que genera saber que nadie ha vuelto para contarnos.

De mi vida les comparto lo raro que he sido, desde chico encontré en mí mismo la mejor compañía, pero llegué a primero de bachillerato, y fue hasta que me gradué que dejé de intentarencajar en un rompecabezas del cual no formaba parte, por más que quisiera no lo lograba y hacía y deshacía amigos, me costaba confiar, me costaba ser, pasé unos seis años realmente sufriendo el existir, odiaba la academia porque me hizo dudar de mi inteligencia. Nos enseñaron a competir no a convivir. Siempre he sido una persona muy sensible, muy calmada y un tanto reprimida.

     Tengo un sentido de empatía muy grande y puedo convivir y socializar fácilmente, eso fue lo que aprendí al tratar de encajar sin éxito. Mi deferencia hace sentir cómodo al otro, porque yo me siento muy cómodo conmigo, convivo conmigo y así puedo convivir con el mundo. Me reconozco humano y sé que todo el tiempo no puedo estar al ciento por ciento y muchas veces me quedo en mi mundo y puedo pasar por grosero o tímido, pero realmente sólo soy reservado, pasó por momentos de introversión y de extroversión. Soy un ser extraño dentro de la normalidad, aunque todos de alguna manera somos extraños, o al menos eso creo.

     A veces me pregunto si me gusta estar con la gente o si me gusta la gente y la verdad es que sí, me fascina. Encuentro fascinante el convivir, descubrir mundos en otras mentes. Estar consciente que existe una humanidad, que, aunque soy único, no estoy solo. No hay otro modelo igual que yo, pero no soy la respuesta a todo, más que a mí mismo. No le debo nada a nadie ni nadie me debe nada a mí. 

Aunque reconozco que soy intenso y extremo, me arriesgo a todo y puede que por eso maneje una vida extraña para muchos y no había usado mucho las redes sociales pese a haber nacido en medio de la tecnología, apenas hasta hace poco empecé a usarlas con más frecuencia porque descubrí un medio más de interacción, pero me da miedo porque a través de la pantalla podemos ser cualquier cosa. Me parece una realidad líquida, porque yo puedo mostrarme como un personaje pero realmente ser otro, aunque yo prefiero mostrarme real, sigo siendo un personaje, y sólo para aquellos con los que en la vida real conozco saben lo que soy como persona y que está detrás del personaje. En ocasiones percibo que las redes nos alejan en vez de acercarnos, porque nos llevan a poner máscaras y aunque intenté mostrarme real es algo difícil, porque mi vida no gira en torno a la red social, mi vida es mucho más de lo que se puede estar exhibiendo en una red. Adicionalmente en redes al público se le olvida el ser humanos y pierden el respeto por los demás, porque claro a través de una pantalla todo se puede. Es abrumador que al publicar algo se está expuesto a infinidad de reacciones, tanto gratas como desagradables. 

Compartí de una manera diferente que estoy viviendo un proceso, eso que nos conecta más que cualquier cosa, la tristeza del desamor, omitiré el nombre de esa mujer que de la cual no sólo me enamoré, sino que por vez primera sentí amor, amor del bueno, ese que te hace querer ser mejor persona no sólo por ti sino para que ella también esté feliz. Sentí por primera vez que tenía un cómplice, una chispita de más, un extra de magia. Éramos ella y yo contra el mundo. Ella me hacía sentir completo, porque trabajamos juntos para que entre nosotros nos miráramos con los ojos del amor y eso fue lo que marcó mi existencia. 

Aunque me sentía a gusto cuando estaba solo, en el momento que ella entró a mi vida fue como si antes no hubiera vivido. Al crecer tan solo y no necesitar tener un grupo extenso de amigos, en otras palabras,necesitar aceptación social, estaba muy tranquilo existiendo con lo que era, con quien compartía y hacía. Pero no olvidaré la primera vez que la vii, absurdo lo que les diré pero la vi en una foto, yo el criticador de las redes sociales, por ahí fue donde conocí a quien es el amor de mi vida hasta ahora. Hice hasta lo imposible para conocerla, moví cielo y tierra para que por lo menos me dijera «Hola». 

Recuerdo que mi abuela me dijo «el que no arriesga no gana» y sí, de no haber hecho todo lo que hice, no hubiera conocido a esa mujer, a ese amor, a esa vida. Me convertí en el intenso número uno de mi amigo y le pregunté todo sobre ella, desde el nombre hasta casi que el médico que la atendía. Organicé un plan de amigos con el fin de conocerla, y tal y como pensé me idioticé solo con su presencia, es que no eran sus ojos era su mirada, no era su boca era lo que decía, no era como se veía era lo que su presencia me hacía sentir. Desde mi delirio hice todo para comportarme y le hablé. Nuestra primera conversación duró tanto que eran las seis de la mañana del día siguiente y seguíamos hablando de una y otra cosa. La dejé en su casa y ahí comenzó nuestra historia.

 

Esa historia la llevaré por siempre en el corazón. No es que no me hubiera enamorado antes de que la conociera, pero definitivamente fui uno antes y después de ella. Con ella viví mil vidas, me aventuré a arriesgarme a todo. Vivimos esta historia desde los 18 hasta los 22, es decir vivimos cuatro años y no gastamos ningún segundo, todo lo invertimos en nuestro amor. Me conocí a través de ella, y ella a través de mí, vivimos la vida intensamente, conocimos el mundo y nos sentíamos ricos. No me importaba ir mil horas en carro a la costa, tan sólo si estaba con ella, podía escucharla reír, llorar, o simplemente respirar y yo ya sentía mi existencia completa. Me dio a conocer lo que es el poner mis habilidades al servicio del amor hacia otros, no sólo a ella sino a quienes más necesitaban, nos fuimos de voluntarios con múltiples grupos por Colombia para que las realidades trágicas que viven muchos, se convirtieran así fuera por unos minutos en algo más ameno. Le dábamos a otros lo que nos dábamos a nosotros, no era lo que nos sobraba sino de lo que teníamos, tiempo y amor, más allá de las donaciones. La mejor enseñanza que ella me dio, fue que lo mejor que le podías dar a alguien era tiempo de calidad, estar presente, pero completo, nada que a ratos, que si ibas a estar era porque así lo querías, no por obligación porque no le debes nada a nadie ni nadie te deba nada a ti.

Vivimos una historia intensa porque vivíamos aventuras propias como lo fue para mí haber estudiado y graduado de administración y para ella estudiar medicina. Ella era mi mujer maravilla porque en verdad no entiendo cómo hacía para siempre tener tiempo, nunca fue víctima de eso y yo a veces si andaba corriendo con ciertas cositas por ahí. Aunque ella dice que aprendimos a vivir juntos, yo digo que ella fue la que me enseñó el verdadero sentido de la vida, el amor. Con ella logré encontrar estabilidad en mí, priorizar el tiempo, dejar el ocio para cuando esté viejito, entender que no estudiaba por la nota sino para aprender y aplicar los conocimientos en la vida real, no sólo por pasar el examen. Aprendí a no frustrarme por no ser el mejor, sino hasta en el error aprender y ser cada vez un profesional mejor formado para mí mismo y en el futuro para el servicio de mi empresa, clientes y demás.

Ella me enseñó qué era eso de ser la mejor versión de sí mismo día a día. Aprendimos a que esta vida no es una competencia con nadie ni con nosotros mismos. Es ser para nosotros desde el amor, hacer sin esperar mucho, dejar tanto drama pero sin dejar la intensidad, como lo dice mi tía Margarita: La vida es un ratico. Nos debemos a nosotros mismos una vida digna para que ese ratico valga la pena. Desde lo que a nosotros nos guste, desde nuestra vivencia, hacer eso que nos llene, haciendo que las cosas pasen, más allá de sobrevivir lo que se debe es realmente vivir. 

Reflexioné de por qué la vida no es justa y no le da a todos lo que merecen, aunque me cuestiono todo el tiempo qué es el merecer, porque ahí toca entrar a comparar y eso no me agrada de a mucho dado que se empieza a hacer más grande o pequeños a otros cuando simplemente somos. Al carajo el sistema que me hace dudar si lo que soy y lo que tengo me lo merezco. Voy a dejarlo en un quizá. 

Aprendí al lado de la mujer maravilla que la mejor forma de vivir es amando, primero amar a ese que se ve en el espejo, y luego al mundo, intensamente. Amarse significa aceptarse con todo y el conjunto infinito de habilidades, destrezas y carencias. Entender que nacimos en medio de una realidad que nos enseña a odiarnos o tener un falso amor, porque no nos enseñan a valorar lo que ya tenemos sino siempre querer más en vez de agradecer primero lo que se tiene, lo que se es y saber crear abundancia desde ahí. 

La buena vida que tuve con mi mujer maravilla no fue por ir a lujosos lugares sino porque conocíamos lo que había, aprendimos a agradecer las comodidades en las que nacimos y reconocer que realmente nos sobraban en nuestras vidas muchas cosas materiales, cuando la magia ya existe. Recuerdo verle brillar sus ojos al llegar a cada nuevo lugar, pero también ver como se le arrugaba el corazón cuando veíamos el absurdo existir de muchos, donde la vida digna es una utopía.

Encontré riqueza en mí y en ella y lo que significaba el tenernos cada uno como persona; aún hoy cuando existe una distancia, pienso que si no hubiera pasado por todas esas experiencias con ella, mi vida sería diferente y no sé qué tan consciente fuera de mi existir y de lo agradecido que me siento por la fortuna de cómo y dónde vivo.

Lo que hirió mi corazón profundamente fue que nuestra historia terminó no por falta de amor sino por el amor mismo. Nuestros caminos cogieron rumbos diferentes y se necesitaba que termináramos eso bonito que habíamos construido. Porque simplemente uno ya no era lo que necesitaba el otro. Porque hasta el mejor jugador se retira. 

A veces no me siento lo suficientemente fuerte de superarla, porque obstinadamente creo que no es un final sino una pausa en nuestra historia, me aferro a que puedo recuperarla. Aunque no quiera vivir en esa ilusión porque la vida no necesariamente es lo que queremos sino lo que pasa, no sé cómo darla por perdida. Quisiera que ella me reemplazara, que se enamorara de alguien más, porque realmente no estoy sintiéndome capaz de olvidarla, necesito que ella me ayude con este dolor, necesito que me dé una excusa para sentir algo diferente, todos nuestros recuerdos matan mi alma continuamente, acordamos no hablar más pero que difícil cumplirlo, ojalá me ayudara el tiempo pero ni con eso lo estoy logrando, por mucho que quiera no puedo ni odiarla ni olvidarla, hasta ahora ha sido mi mejor historia.

Hoy mi mujer maravilla es muy feliz cumpliendo sus sueños, viviendo todo eso que tenía que vivir sin mí, y yo también soy el súper héroe de mi historia. Me duele que ya no esté en mi camino y todos los días le doy gracias a la vida que me dio tanto con el paso de ella por mi existir. Me ha costado reaprender a vivir solo, para mi fortuna tengo todas las herramientas y los mejores aliados para volver a empezar. Pero de nuevo vuelvo y caigo en su recuerdo, y he tenido días oscuros, me siento dramático porque nunca me había tenido un duelo tan duro; ojalá pudiera ahogarme en algún vicio, pero no lo intento tampoco por el miedo a quedarme inmerso en esos placeres engañosos.

Mi tía Margarita ha sido aquella que me ha salvado de no caer, ella no es “coach motivacional” pero si una persona recorrida y al verme lamentando en vez de decirme no llores, no sientas, supéralo, se acuesta a mi lado y simplemente está ahí conmigo.  

Muchas veces pensamos que necesitamos un discurso para que la vida de otro se sienta mejor, pero yo hoy creo firmemente que las acciones hacen más que las palabras, sin olvidar que lo que se dice sin pensarlo y sentirlo sinceramente muchas veces nos deja mal parados. 

Mi vida hoy no tiene mucho sentido, porque pareciera ser que todo está resuelto, pese a la situación rara que vivimos, mi empresa sigue dando frutos y tengo los suficientes ingresos para vivir bien por lo menos hasta mis 80 años y esto me abruma, cuestiona mi existir. Tenerlo todo, materialmente hablando, me enloquece.

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